La OMS define al estrés como el conjunto de respuestas fisiológicas, es decir "naturales", que preparan al cuerpo humano para huir de algún estímulo. Es nuestro mecanismo de reacción física, química y psicológica ante cualquier situación que ponga en peligro nuestra vida.

El estrés es "bueno" cuando estimula al sistema simpático para defendernos de alguna agresión, como cuando nos persigue un perro, o cuando estamos a punto de caer, chocar, etc. El estrés es esa palpitación que sientes en el corazón cuando te asustas, pues representa el aumento momentáneo de la frecuencia cardiaca y la presión arterial. Esto lo logra debido a que se liberan a la sangre hormonas como el cortisol, la adrenalina y la noradrenalina; lo que hace que aumente la cantidad de veces en que tu corazón late y la fuerza con que lo hace, para poder suministrar de energía y oxígeno a todos los tejidos que lo necesitan. El propósito de toda esta cascada de acciones es la de supervivencia, nuestro cuerpo se prepara para huir y alejarnos del peligro rápido.

Lo que sucede es que en nuestro mundo actual, existen situaciones que pueden estimular el sistema simpático y hacer sentir a nuestro cuerpo como si estuviéramos en peligro de muerte aún cuando no es así. Por ejemplo, a veces el exceso del trabajo, el miedo a fracasar en un examen, el pensar en dinero o en el futuro nos pueden llegar a producir esta misma sensación de peligro a nivel fisiológico y se desencadena la misma respuesta que como cuando estamos huyendo de una situación de peligro. Cuando este fenómeno se produce durante mucho tiempo se conoce como estrés crónico y esto tiene efectos negativos en nuestro organismo porque hace que la frecuencia cardiaca y la tensión arterial se incrementen de forma prolongada y esto puede causar enfermedades cardiovasculares a largo plazo.

Todos estamos expuestos al estrés, por suerte existen distintas formas de intentar reducir:

  • Siempre que le sea posible, aléjate de la fuente del estrés.
  • Encuentra y reconoce las cosas que no puedes cambiar.
  • Haz ejercicio. Puede ayudar a descargar toda tu energía reprimida, además al hacerlo nuestro cuerpo libera neurotransmisores que nos hacen sentir mejor y más relajados.
  • Intenta distraer a la mente de tus problemas con un hobby o una actividad que disfrutes hacer. Prueba leyendo un libro, escuchando música, o hablando con algún amigo.
  • Aprende nuevas técnicas de relajación. Intenta probar cosas que quizás sean nuevas para ti como el yoga, la meditación, la respiración consciente, está científicamente comprobado que estas técnicas tienen efectos beneficiosos sobre el ritmo cardíaco y la presión sanguínea.
  • Mantén una vida saludable. Puede parecer complicado a veces, pero llevar una buena alimentación, dormir lo suficiente y hacer ejercicio es la mejor solución para estar bien con uno mismo y llevar una mejor calidad de vida, previniendo del estrés y muchos otros padecimientos crónicos.
  • Si el estrés viene de realizar demasiadas tareas en casa o en el trabajo, aprende a decir que no y a establecer límites para tu propia paz.
  • Ve a terapia, un psicólogo o psiquiatra puede ser de mucha ayuda en casos de estrés, sobre todo si sientes que no puedes identificar la causa o te cuesta trabajo desviar tu mente de tus problemas, ellos han dedicado años de estudio y entrenamiento para ayudarte.